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Cómo cobrar tus clases particulares sin perseguir a nadie

6 min de lectura

Casi ningún profesor particular deja de dar clases porque no sepa explicar. Lo deja porque está harto de la parte de alrededor, y cobrar es la peor de todas: recordar quién debe qué, escribir el mensaje incómodo, apuntar en una libreta lo que ya te han pagado.

El problema no es el método, es la memoria

Da igual si cobras por Bizum, en efectivo o por transferencia. El problema aparece cuando la única persona que sabe quién ha pagado eres tú, y lo sabes de memoria o en una nota del móvil. Con tres alumnos se lleva. Con doce, un día reclamas una clase que ya estaba pagada, y eso hace más daño a la relación que perder el dinero.

Antes de cambiar de método, cambia de sitio donde lo apuntas. Que cada clase tenga su estado —pagada o pendiente— y que lo vea también el alumno. La mitad de los recordatorios desaparecen solos, porque la familia ve lo que debe sin que tengas que decírselo.

Bizum

Es lo que usa casi todo el mundo, y con motivo: es instantáneo, gratuito y todo el mundo lo tiene. El pago llega a tu cuenta sin intermediarios.

Sus dos pegas. La primera es que no hay confirmación automática: alguien dice que lo ha enviado y tú tienes que mirar el móvil y dar fe. La segunda es que los límites diarios y mensuales de Bizum están pensados para pagos entre amigos, no para una actividad con doce alumnos; si cobras a final de mes, puedes toparte con ellos.

Transferencia

Sirve para importes grandes, como un paquete de clases o una mensualidad completa. A cambio tarda, el alumno tiene que escribir tu IBAN y el concepto casi nunca dice lo que necesitas. Para clases sueltas es incómodo de más.

Efectivo

Cero comisiones y cero fricción en el momento. Pero no deja rastro de ningún tipo: si hay una discusión sobre si una clase se pagó o no, no hay nada a lo que agarrarse. Y en clases online, sencillamente no es una opción.

Tarjeta

Es la única que cobra sola. El alumno paga al reservar, queda registrado sin que nadie confirme nada, y tú no vuelves a pensar en ello. A cambio tiene dos costes.

Uno es económico: la pasarela se queda una comisión, del orden del 1,5 % más unos céntimos por operación. En una clase de 20 € son unos 55 céntimos.

El otro es administrativo: para cobrar con tarjeta hay que darse de alta en la pasarela con tu identidad y tu cuenta bancaria. Ese dinero queda registrado, con lo que eso implica para tus obligaciones fiscales. Es la razón real por la que muchos profesores prefieren el Bizum, y conviene decirlo sin rodeos.

Qué haríamos nosotros

Ofrecer las dos y dejar elegir al alumno. La tarjeta para quien quiera pagar y olvidarse, el Bizum para quien prefiera lo de siempre. Lo que no puede faltar, con cualquiera de las dos, es que el estado de cada clase esté escrito en algún sitio que ambos podáis mirar.

Porque el objetivo no es cobrar antes. Es no tener que acordarte.

Tres cosas que ayudan más que cambiar de método

  • Di el precio antes de la primera clase, y también cuándo se paga: al reservar, al terminar o a fin de mes. La mayoría de los problemas de cobro son problemas de expectativas.
  • Cobra por adelantado las clases sueltas y a fin de mes las recurrentes. Un alumno fijo no se va a escapar; uno que reserva una clase suelta, a veces sí.
  • Ten una política de cancelación escrita, aunque sea una línea. "Avisando con 24 horas no se cobra" evita muchas más discusiones de las que parece.

Da tu clase. Menttio hace el resto.

La videollamada se crea sola, la clase queda grabada y el cobro deja de ser cosa tuya.