Profesores
El informe mensual para las familias: qué contar y qué no
Hay una asimetría incómoda en las clases particulares de menores: quien recibe la clase es el alumno, pero quien la paga es su padre o su madre. Y esa persona, que decide cada mes si la cosa sigue, muchas veces no tiene ni idea de lo que pasa en esa hora.
Cuando llega junio y hay que decidir si se sigue en septiembre, esa falta de información juega en tu contra. No porque el trabajo sea malo, sino porque no se ve.
Por qué un informe mensual, y no un mensaje cuando toca
Porque lo que se hace cuando toca no se hace. Y porque un mensaje suelto llega siempre en un momento raro: o después de un examen malo, y parece una excusa, o después de uno bueno, y parece que te cuelgas la medalla.
Un informe que llega el día 1 de cada mes, pase lo que pase, no parece nada. Es simplemente cómo trabajas.
Qué debería llevar
- Cuántas clases y cuántas horas. Suena tonto y es lo primero que mira quien paga.
- Qué se ha dado. Los temas concretos, no "repaso general".
- Cómo ha ido cada una. Aquí está el valor, y también el trabajo: si no anotas nada después de cada clase, a fin de mes no tienes nada que contar.
- Qué toca el mes que viene. Da la sensación de que hay un plan, porque lo hay.
Qué no debería llevar
Adornos. Si el mes ha sido flojo, el informe dice que ha sido flojo. Un informe que siempre da buenas noticias deja de leerse a los tres meses, y lo que es peor, deja de creerse.
Cosas que el alumno te ha contado en confianza. Esto es delicado. En clases particulares los alumnos hablan, y a veces cuentan cosas de casa, del instituto o de ellos mismos que no tienen nada que ver con las matemáticas. Eso no va en el informe. Lo que se cuenta a la familia es lo académico.
Diagnósticos que no te corresponden. Puedes decir que le cuesta concentrarse en clases de tarde. No puedes decir que tiene un problema de atención.
Una cosa que conviene tener clara
Si el alumno tiene 16 o 17 años, es menor pero ya decide sobre buena parte de sus datos. Que sepa que existe ese informe y qué se cuenta en él. No hace falta pedirle autorización para informar a sus padres de cómo van las clases que ellos pagan, pero sí que no se entere por sorpresa.
La regla sencilla: nada en ese informe debería sorprender al alumno si lo leyera.
Lo que consigue
Tres cosas, y ninguna es la obvia.
La primera es que la familia deja de estar a ciegas, y una familia informada renueva más.
La segunda es que te obliga a anotar. Saber que el día 1 tienes que contar el mes hace que después de cada clase dediques treinta segundos a escribir qué se dio y cómo fue. Ese hábito vale por sí solo más que el informe.
Y la tercera es que, cuando llegue una conversación difícil —un alumno que no avanza, una subida de precio—, llegas con un mes a mes por escrito en vez de con tu palabra contra la suya.